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De construir cabañas en un árbol a construir con ladrillo

Recuerdo con cierta nostalgia esos días de niño con mis amigos soñando a “construir” algo, por ejemplo, una cabaña en el árbol. Intentamos muchísimas veces hacerlo; primero armar con viejos palés de madera que restaban abandonados en un bosque de pinos mediterráneos cerca a nuestro barrio. Era realmente un trabajo en equipo y un gran reto al mismo tiempo. Nunca sabíamos como empezar, donde atar las primeras cuerdas, picar el clavo con la poca fuerza que teníamos, entre otras labores.  Una vez me quedé toda la mañana sólo analizando como bajar de un almendro donde los amigos un poco más mayores que nosotros habían construido una muy buena cabaña. Me salvó un buen amigo que hace tiempo nos dejó;  tampoco existe el almendro de la cabaña. De esa plantación de almendros la constructora no dejó ni uno, lamentablemente. Sólo queda en mi memoria ese paisaje tan bonito cuando los almendros florecían espectaculares en primavera y sobretodo jugar entre ellos, recoger almendras y con una piedra romper su cáscara para buscar su fruto; la almendra más exquisita, el momento más intenso, nunca más comí mejores almendras que esas con mis amigos. Quisiera por unos días, una semana o simplemente una hora rebobinar esa película. En mi pueblo el boom turístico fue tan fuerte, y tan aplastante con la naturaleza, que quizás impulsa en mi el interés por preservar árboles y plantar los que más podamos en las construcciones en ladrillo que hacemos hoy.

Con esta pequeña nota iniciamos este espacio que dedico a mi amigo Lluís, a todos los almendros, pinos, olivos, y otros árboles que en mi pueblo talaron.

J. LL. P.

Bogotá, 25 octubre 2018

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